Cuando aún no se habían inventado los sistemas numéricos escritos, los humanos contaban las cosas con lo único que tenían al alcance: los dedos de sus manos. Y para números mayores, utilizaban ramas, piedras o semillas para indicar la cantidad. Antes de que nacieran los sistemas de numeración se utilizaban dispositivos para contar, como el ábaco, y artefactos que servían para contar grandes cantidades de cosas y que en esencia fueron los ancestros de los computadores modernos.
El 14 de febrero de 1946, J.P. Eckert y John Mauchly, presentaron el ENIAC, que resolvía cinco mil adiciones y sustracciones, trescientos cincuenta multiplicaciones o cincuenta divisiones por segundo. Tenía cerca de 19.000 válvulas sustituidas por año. Esta máquina pesaba 30 toneladas, usaba 200 kW y consistía de 18000 tubos al vacío, 1500 relays y cientos de miles de resistores, capacitores e inductores. En 1943, antes de la entrada en operación del ENIAC Inglaterra ya poseía el Colossus, máquina creada por Turing para descifrar los códigos secretos alemanes.

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